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NOVIEMBRE

Por: María de las Nieves Rico Márquez

         Pues  como quien no quiere la cosa hemos llegado a noviembre, y con ello hemos pasado de Halloween al momento en que Mariah Carey sale del bloque de hielo en el que ha permanecido todo  el año y comienza a cantar su, para mí casi única canción conocida, “All I want for Chritsmas is you..”.

         Precisamente esto de Halloween me genera muchas dudas y reservas, otra cosa más importada de EEUU no hace muchos años. Es más, incluso esta festividad ha perdido su esencia, pues  Halloween no es más que un término derivado de All hallow (víspera de todos los santos), de origen celta y romano, y os explico. Días previos al 31 de octubre observé movimientos fuera de lo habitual en mis adolescentes. Quería evitar preguntar porque sabía que la respuesta, de un modo u otro, iba a suponer que tendría que “pringar” (perdón por la expresión tan  coloquial o vulgar, pero describe fielmente la situación). No obstante, ese instinto maternal llevó a lo inevitable: ¿Qué os pasa?. Respuesta: “Aún no tenemos decidido de qué  nos vamos a disfrazar”. Ingenua le dije “Bueno, no sé, de zombi, esqueleto, de cadáver..”. Ellos, tras una mirada, mezcla de horror y sorpresa, contestaron “¡Ay, mamá por favor! No sabemos si de dinosaurio o de Alvin y las ardillas”. Claro, pensé yo,  Alvin es de super Halloween. En fin llamemos Halloween  a lo que viene siendo carnavales de otoño. Lo único que ha quedado de esta festividad es el truco o trato que tengo que hacer con ellos cada día.

         Entiendo que toda aportación cultural es beneficiosa y enriquece, pero siempre que ello no suponga olvidar nuestras propias tradiciones. Esta celebración norteamericana ha implicado que  las nuevas generaciones desconozcan o hayan olvidado que el día 1 de noviembre es el día de  Todos los Santos y el 2 de noviembre el Día de los difuntos, cuyo origen se remonta a la Edad Media, cuando el sacerdote San Odilón de Cluny instituyó un día especial para orar por las almas de los fallecidos. Pero no solo es esa celebración sino también la maravillosa costumbre española de que, casi todas las fiestas o efemérides, tienen aparejada su propio plato o dulce característico. En este caso, esos huesos de santo, los panellets, los buñuelos, sus castañas asadas… (ayns se me hace la boca agua..).

         Este año para mí, sin embargo, ese día ha sido especial. Cada día que pasa tengo la tentación de llamar por teléfono para contar la última ocurrencia de mis  hijos, para relatar cómo me ha ido el día, aún a sabiendas que en los últimos tiempos, más que un diálogo era un monólogo. Pero llamo y nadie contesta, cuando llego a casa de mi madre, busco en la habitación y él no está. Nunca una ausencia ha estado tan presente. El dolor se apacigua con el tiempo, pero no desaparece, no hay olvido. Sí, me refiero a mi padre, que desgraciadamente falleció hace unos meses, y a quien quiero dedicar estas palabras, así como a todos aquellos que habéis sufrido alguna pérdida, y qué dura es esa pérdida. Por eso, este año, ese Día de los difuntos ha cobrado un especial sentido.

          De él he heredado la afición por la lectura, que ya, a quienes me habéis leído con anterioridad, sabéis que es uno de mis hobbies favoritos. Aún recuerdo que ansiaba que  pasara el mes para que viniera el comercial de El Círculo de Lectores para poder elegir y comprar mi próximo libro. He sido una afortunada de haber compartido con él, aprendido de él, reído con él, y también, cómo no, sufrido con él y por él. Las madres y los padres deberían ser eternos, aunque en el fondo sí creo que lo son, porque siento que me acompaña cada día, en cada momento.

         No obstante, tampoco quiero acabar el blog con este regusto de tristeza, entre otras cosas porque a mi padre no le gustaría, por lo que para terminarlo (para mí el último de este año), y  previamente a agradecer el tiempo invertido en la lectura de mis artículos, quiero daros unas notas:

– Os informo: ¡Sigo en el gimnasio¡¡¡ (aquí me vendría genial poner un emoticono de una flamenca o de un brazo sacando músculo). Ahora bien, no engañemos a nadie,  comenzamos una época especialmente complicada de eventos, comidas… Ya  tengo en noviembre mis primeras comidas de Navidad (no hay tiempo que perder), y ello supone que también ha llegado el momento, inevitable por otro lado, de hablar con el coach (vamos el  monitor/profe del gimnasio de toda la vida pero en fino) y decir “perdona, tenemos que hablar.. vamos a tener una suspensión temporal de la convivencia…  Lo siento mucho, no eres tú, soy yo… Ya en un futuro ya veremos…”

Al hilo de lo anterior, mi reto del nuevo año es no solo practicar deporte sino también la mente, lo que también finamente se llama mindfulness.  Resulta muy interesante que, ya desde el CGPJ, en el plan de formación ya se intenta poner en valor la salud y bienestar mental, lo que indudablemente es necesario, especialmente teniendo en cuenta la próxima implantación de la tercera fase de los Tribunales de Instancia. Eso sí que va a ser truco o trato y no el de Halloween. En todo caso, si no me adjudicaran el curso que he solicitado, siempre queda una terapia que es infalible:  quedar con las amigas. En ese supuesto, al comentarlo con la pareja/cónyuge el planteamiento habrá de ser distinto que con el “coach” del gimnasio “No es por mí, es por tí y por tu salud”

         La conclusión no es otra que intentéis ser felices.

         Así que con permiso de Mariah Carey y del alcalde de Vigo, Feliz Navidad.